uniformes escolares

Los uniformes escolares y la ropa deportiva son prendas que cada año asoman de nuevo en los armarios y suponen un gran volumen de consumo. 

Pero ¿Qué grado de sostenibilidad encontramos en ellos? Lo analizamos a las puertas del nuevo curso escolar.

Seguro que el tema del que hablaré hoy te ha tocado en algún momento de cerca. Bien por que eres madre, bien porque tú misma vestiste uniforme en el colegio o porque eres víctima de las marcas deportivas casi sin darte cuenta.

Personalmente lo llevé durante toda mi infancia y me acompañó hasta los 14 años. Era el final del franquismo y se iniciaba la transición española. Mi experiencia va ligada, una vez más a la costura, puesto que esta prenda también se cosía a mano en mi familia. Petos, camisas blancas, abrigos, rebecas y hasta ponchos azul marino salieron de las manos de mi madre y mis abuelas en aquella época. En cambio, con mi propia hija no he tenido que preocuparme por ello y, salvo alguna camiseta para identificar a los pequeños en sus salidas en educación infantil, mi inversión en este tipo de ropa ha sido escaso. Otra cosa es la ropa deportiva. Tampoco en mi caso ni en el de mi familia, las marcas han hecho mella, pero nadie se libra de cierto tipo de consumo conducido por la publicidad, y yo no soy una excepción.

Mucho más que ropa

Los uniformes han sido, son y serán siempre un asunto controvertido. Hay posiciones enfrentadas entre quienes defienden a capa y espada sus bondades y quienes ven en ello un elemento sociológico y político. La verdad es que me ha llamado la atención cómo se puede usar la ropa de los niños como arma arrojadiza entre los adultos, a juzgar por algunos comentarios y discusiones acaloradas entre padres que he encontrado mientras me documentaba para este artículo.

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Los argumentos a favor son:

  • la comodidad o despreocupación frente a la decisión diaria del cómo los visto hoy.
  • el ahorro, ya que permite necesitar menos prendas en el armario.
  • la eliminación de diferencias de clase social, al vestir tod@s de la misma forma.
  • distinción, prestigio al señalar pertenencia a un centro o ideología educativa, religiosa…de élite.

En cambio, los argumentos en contra serían:

  • Imposición de código frente a libertad de vestimenta.
  • Esconde la personalidad diferenciada de l@s alumn@s.
  • Supone un gasto extra, que si usan su ropa, no se necesita.

Me da la sensación de que a algunas familias no les molesta fomentar cierto elitismo del uniforme o marcar las diferencias económicas a través de la ropa que visten sus hijos en el colegio. Vistan lo que vistan, tanto educadores como padres ¿No sería mejor enseñar que la persona es independiente de lo que se ponga encima? ¿Qué opinión tienes tú?

Sostenibilidad en los uniformes y ropa deportiva

Entrando en la materia que nos interesa, lo cierto es que la sostenibilidad en este tipo de prendas es también controvertida.

Consumo. Por un lado, se impone un consumo dirigido hacia ciertos comercios y grandes almacenes o la venta en el propio centro escolar, que ya ha elegido así sus proveedores y su precio. Esto despierta en algunos padres ciertas quejas, porque supone un elevado coste. En cambio, hay centros que proponen su código: tipo de prenda, color, etc, pero dejan la libertad de buscar las prendas y comprarlas donde quieras. Así se pueden encontrar oscilaciones de precio, distintas calidades, fabricantes más baratos, etc. que lo hacen más rentable. Permitir que se borden los escudos en otras prendas frente a tener que comprar la equipación completa en el propio colegio o tienda es una ventaja en este sentido.

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Uniformes made in spain. Me alegra comprobar que algunas empresas de textil sitas en España pueden mantenerse gracias a los uniformes, escolares pero también de trabajo. Además, y cosa muy importante, la calidad de los productos es excelente, ya que ha de ser ropa que resista varios años.

Afortunadamente, los escolares pueden vestir algodones, lanas, calcetines y zapatos de calidad y fabricados en condiciones laborales dignas y éticas en nuestro país.

Reutilización. Esta práctica se impone en los colegios de manera natural desde siempre. Heredar los uniformes de hermanos o primos, hasta remendar con parches las partes de mayor desgaste como rodillas y codos, la reutilización ha formado parte de la vestimenta escolar toda la vida. También era y es habitual comprar prendas una o dos tallas más grandes coger los bajos y las mangas para que se pueda aprovechar más tiempo.

Segunda mano. Más reciente pero ya consolidado es el mercado de uniformes de segunda mano. Existe dentro de las propias escuelas pero también en plataformas online. Es lo más lógico teniendo tantos usuarios para una ropa idéntica en características. Generar consumo nuevo tendría que ser la última opción, porque ¿Qué pasa con todos esos uniformes si no los reutilizamos? Ya sabéis la respuesta.

La ropa deportiva es otro cantar

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Aquí topamos con el hueso y es duro de roer. Entre las prendas que los colegios imponen para sus alumnos está el chandal y las camisetas y equipación deportiva, incluyendo las zapatilllas y calcetines. En parte, podemos encontrar que son productos de calidad hechos en fábricas españolas, pero en algunos casos ocurre que, se llega a imponer una marca multinacional y cara (como Nike, por cierto con deberes que hacer en su responsabilidad social corporativa, aunque a la cabeza en innovación y reciclaje de materiales) en algunos centros de países como Argentina. Puedes leerlo tú misma aquí. Tienes mucha información sobre la producción de prendas deportivas en Ropa Limpia.

¿No hacen, a veces, de prescriptores publicitarios los educadores que han de atender, por ejemplo, a educar en el consumo responsable?

En algunas escuelas se han hecho consultas a los padres sobre si llevar el chándal de colegio o no, y las respuestas son muy significativas e invitan a la reflexión: “Al final, te compras un chándal en el Decathlon y te sale más barato». Decathlon ha cerrado el ejercicio fiscal 2017 en España con una facturación de 1.712 millones de euros, lo que supone un incremento del 4,5% respecto a 2016. La filial española de Decathlon supone, además, el 15,5% de la facturación del Grupo y el segundo mercado más importante para Decathlon en el mundo, por detrás de Francia, país de origen de la compañía. Ahí lo dejo.

Ha mucho por hacer en este asunto y los centros educativos, según mi opinión, pueden hacer muchísimo por enseñar el consumo responsable, la identidad, la reutilización, o el Zero Waste. Políticas de centro en este sentido definirían de verdad una ideología digna de elogio.

¿Cómo valoras la sostenibilidad en la ropa escolar? Cuéntame tus opiniones en los comentarios.