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Ana es una bailarina que ha descubierto la moda sostenible. Descubre su día a día y cómo vestir estas prendas para cualquier edad y en cualquier situación.

La mañana de Ana empezaba relajada y ¡Por fin era viernes!

Los calentamientos eran una rutina sin la que ya no sabía vivir. Pero al cabo de media hora de ensayo, las líneas del laberinto Trojeborg, de la camiseta de Be Boost, empezaban a empaparse. Por suerte, la calidad del algodón orgánico la hacía sentirse muy confortable con ella y procuraba tenerla a punto diariamente cuidándola muy bien. Era la que mejor funcionaba también para sus clases de danza. La había comprado en aquella feria solidaria en que descubrió proyectos y organizaciones que decidió apoyar activamente. Como el que más adelante le ayudaría a encontrar a Becky, la perrita de la que se enamoró y adoptó hace 4 meses.

Por la tarde, el paseo con sus amigas después del verano les había sentado de maravilla, después de tantos días sin verse. Eligió su falda Natalie, de Firiri. El tejido de bambú sorprendió a Marta, que no lo conocía, y su femenino diseño, con vuelo y ribetes, tenía la virtud de hacerla sentir como si flotara. Así conseguía alargar la sensación de estar bailando.

Tendrían pronto muchas tardes como aquella, hasta que el otoño se lo permitiera. Podían empezar así y acabar en la arena, melancólicas. Pero alguna vez ocurría todo lo contrario y las risas chillonas eran el preludio de la fiesta posterior.

fiesta playa

Un gracioso cogió el sombrero de Esther y lo lanzó a la arena. Aquello no le hizo ninguna gracia. Era el que le habían comprado en Uohop como regalo por su cumpleaños y se lo cuidaba como oro en paño.

Llegado el fin de semana, nada le gustaba más que pasar los sábados en casa de su hermano y jugar con su sobrina hasta la hora de cenar. Cuando llamó al timbre él ya la esperaba con una flor en la mano.

hermanos

¡Qué bien le sentaba el pantalón vaquero eco de Juana Barranco! Esos bolsillos delanteros tan originales no pueden hacer que le siente mejor. Y la pequeña está preciosa hoy con su vestidito Vichy de la misma marca.

Sin darse cuenta, se había hecho tarde y había olvidado su cita con la señora Pilar, su antigua maestra, a quien debía su amor por la lectura, y a quien había reencontrado la pasada primavera después de siglos. Hasta hoy, tras meses de intentos, no habían conseguido encontrar un hueco para cenar juntas. A Jorge, su chico, no le había hecho mucha gracia que tuviera que buscar con quien pasar la noche del sábado, pero era evidente que tenía que ceder.

niña

Cuando llegó al restaurante, ella ya le esperaba en una mesa junta a la ventana. Le llamó la atención el bolso que llevaba. Colorido y artesanal, pero supermoderno y distinto de todo lo que había visto hasta ahora. Le preguntó por él y doña Pilar le explicó la historia de Julietta and You. Ella quedó maravillada pensando en cómo la vida permite reinventarse a las mujeres que, aún habiendo vivido intensamente son capaces de volver a empezar a cualquier edad.

Se había puesto el maravilloso vestido de la Colección 2 de Miira, que llama la atención en un cuerpo de bailarina como el suyo, porque además está inspirado en el propio aprendizaje que la diseñadora hace de sí misma a través de la danza.

Ya el domingo, la tarde se presentaba muy entretenida. Ana y sus amigas se habían decidido, por fin, a participar en un intercambio de ropa. La verdad es que, de un tiempo a esta parte les estaba llegando la onda de la moda sostenible. Algún rato les generaba incluso debates muy interesantes entre ellas. Aunque tenían dudas al respecto, acababan reflexionando sobre la cantidad de ropa que tenían casi sin estrenar, temporada tras temporada.  Así que cedieron fácilmente a la propuesta de una de ellas.

amigas

Pasaron un buen rato, revolviendo entre percheros y estantes, probándose las prendas sin parar de reir, y además pudieron catar unos vinos. El original evento lo había organizado De armario a armario. Volvieron a casa convencidas de que vestir sostenible no era sólo cuestión de conciencia, sino que además podía ser barato y divertido.

Al llegar a casa, le esperaba el paciente Jorge con un regalito. Eran unos calentadores de muñecas exclusivos, de Feltai. ¡Qué bien le vendrían en invierno para cuidar sus delicadas articulaciones!

Atesoraban, además, un proyecto precioso que promovía la recuperación de la lana autóctona asturiana y promovía el trabajo de la mujer rural.

lana

Ana los acarició, llevándolos a sus mejillas. Fue un gesto espontáneo que sólo las prendas artesanales y las fibras naturales tienen el poder de inspirar.

Lo que sucedió entre ellos a partir de ahí, nos lo guardamos. Mejor suspender el momento dejándolo con esa atmósfera tan especial.

Puedes encontrar marcas y prendas en nuestra Guía Slowear. Descúbrelas y empieza a vestir sostenible.

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