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El comienzo de año nos impulsa a iniciar proyectos y cambios. Aprovechémoslo y convirtamos 2018 en una oportunidad para adquirir hábitos más sostenibles. 

Aquí tenéis algunas ideas para inspirar vuestros propósitos del Año Nuevo.

Por Laura Rockbell.

Permitidme que empiece el post recurriendo a una experiencia personal que, considero, encontraréis no sólo ilustrativa sino familiar. El hecho de escribir los propósitos de Año Nuevo suele percibirse con bastante escepticismo, pues parece estar condenado a ser una de esas actitudes que cae en saco roto. “¿Para qué voy a escribir una lista de cosas que no voy a cumplir?”, se preguntan algunas personas.

Me tengo que posicionar a favor de elaborar estas listas. Os explico por qué:

  1. Son un ejercicio de sinceridad con nosotras mismas. Nos permiten analizar cuáles son las cosas a las que damos importancia. Bien elaborados son nuestros propósitos, de nosotras y para nosotras. No hay que demostrar nada a nadie.
  1. Son un método para ordenar el pensamiento. Vivimos inmersas en un ritmo de vida muy acelerado, de forma que suele costarnos identificar qué nos preocupa o qué anhelamos sino nos paramos a hacerlo.
  1. Son un testimonio de quiénes éramos al principio del año. Es divertido para quienes escribimos los propósitos de 2017 leerlos ahora, bien porque nos permite observar cuánto hemos cambiado o, por el contrario, si somos personas de piñón fijo.

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Unas instrucciones básicas:

  1. Anotad sólo propósitos que consideréis realistas, no sólo independientemente, sino entre sí. Me refiero a que no saturéis la lista con mil y una habilidades que no tendréis tiempo de desarrollar. Mejor una o dos a las que os dediquéis con mimo. Tampoco sería lógico pretender dominar una capacidad para la que un año es poco tiempo, como, por ejemplo, ser bilingüe en un idioma del cual no tenemos ni remota idea. Para estos casos, es mejor marcarse niveles o pasos que nos permitan llegar a los objetivos a más largo plazo.
  1. Reflexionad sobre si tenéis los medios necesarios a vuestra disposición y, si no es así, pensad qué os haría falta. Si no sabemos montar en bicicleta y queremos aprender, pero no tenemos bici, tendremos que valorar comprar una o investigar si hay algún servicio en nuestra comunidad que nos permita compartirla, por ejemplo.
  1. Revisitad vuestros propósitos a lo largo del año. Éste no es un ejercicio del que olvidarse si queremos que funcione. De hecho, es recomendable dejarse llevar por la creatividad cuando escribirmos los propósitos y hacer un mural o un cuadernito artesanal con ellos. Esto facilitará tenerlos a la vista o a la mano. El hecho de que los recordemos hace que sea más probable no sólo que los cumplamos, sino que ideemos nuevas formas de llegar a ellos.
  1. ¡Escribidlos! Puede parecer una obviedad, pero tener los propósitos en la cabeza no suele resultar efectivo porque se diluyen con el tiempo.

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Llegado este punto, si habéis decidido que este 2018 queréis escribir vuestros propósitos, os sugiero cinco ideas para enfocarlos hacia la sostenibilidad, entendiendo “sostenibilidad” como minimizar nuestro impacto sobre el planeta (tanto social como ambientalmente) y maximizar la durabilidad y la calidad de lo que nos rodea.

1. Comprar menos

Deberíamos comprar sólo aquello que necesitemos, sí, pero también pensar nuevas formas de adquirir lo que nos hace falta. Alquilar, compartir, intercambiar, crear.

Cuando digo “comprar” no sólo me refiero a lo material, sino también al ocio. Este 2018 podríamos proponernos abogar por opciones gratuitas y también por reunirnos con las amistades y la familia en espacios públicos acogedores, como parques, jardines o bibliotecas, o abrir las puertas de nuestras casas.

2. Respirar más

¿Por qué está socialmente bien visto vivir con estrés? Hagamos examen de conciencia. Yo era la primera en sentirse orgullosa de pasar el día pegada al ordenador, trabajando, con dolor de espalda y cabeza, con ansiedad por respetar unos plazos y unas exigencias. Hasta que llegó un momento en el que comprendí que si eso no me hacía feliz, no debía ser algo de lo que enorgullecerme. Con esto no quiero decir que debamos rendirnos a la pereza y al hedonismo, sólo que sería conveniente mantener un equilibrio.

Os propongo practicar de vez en cuando lo que yo llamo “día de no-hacer-nada”. Dejar aparcado el trabajo, las tareas de casa y las intelectuales por un día es lo que define la propuesta. Es un buen antídoto para el estrés y el exceso de responsabilidad. Quizá al principio nos cueste, porque muchas tenemos una vocecita interior que nos salta si estamos relajadas y sin hacer “nada productivo”. A lo mejor deberíamos redefinir qué es productivo, porque si se trata de algo que nos aporta bienestar y nos recarga las pilas, qué queréis que os diga, a mí me parece el mejor tipo de productividad.

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3. Apoyar causas

Podemos unirnos a alguna asociación ciudadana o acudir a planteamientos asamblearios para apoyar a alguna causa con la que comulguemos, aportar nuestro granito de arena.

Optar por marcas de moda sostenible es, además de una forma de tener ropa bonita y de calidad, una opción de consumo responsable. ¿Os suena la frase “tu compra es tu voto”? Nos recuerda que cuando compramos, cuando damos nuestro dinero a una empresa determinada, estamos legitimando sus prácticas. Lo ideal sería que esas prácticas que apoyamos sean coherentes con nuestros principios, ¿no?

Una idea muy bonita es estar pendiente de los crowdfundings que salen lo largo del año. Éste es uno de los mecanismos a los que recurren pequeñas marcas y emprendedores/as para lanzar sus ideas. Muchas de ellas tienen vinculación social y medioambiental. ¡A mí me encanta apoyar en estas campañas! Además, las recompensas son de lo más jugosas.

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3. Alejarse de las pantallas

No quiero declarar la guerra a la televisión, los ordenadores o los móviles, sólo llamar la atención sobre el protagonismo que tienen en nuestras vidas. Como propósito para el 2018 podríamos aspirar a dedicar un tiempo determinado cada día alejadas de las pantallas e invertirlo en conectar con nuestro entorno (familia, amistades, mascotas, hogar, nuestro propio cuerpo y pensamiento, etc.).

Si nuestra excusa para mirar constantemente el móvil cuando estamos acompañadas o haciendo otra tarea es saber la hora, ¡podemos pedirle un buen reloj de muñeca a los Reyes Magos!

5. Aplicar las erres

Todas conocemos las clásicas tres erres: reciclar, reutilizar y reducir. Ya hablamos en este post de la existencia de otras “erres”: rechazar y descomponer (del inglés rot). Ésta última se refiere a la tarea del compostaje. 2018 puede ser un buen año para empezar a aplicarlas o perfeccionar nuestra entrega.

Una forma de llevarlas a cabo con maestría es preguntarse antes de comprar algo si es susceptible de las “erres”.

¿Estáis acostumbradas a escribir vuestros propósitos de Año Nuevo? ¡Nos encantará leer algunas de vuestras ideas!